Evangelio 2° Domingo de Navidad

Lectura del santo evangelio según san Juan (1, 1-18)

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.
Él estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Palabra del Señor

LUZ, PALABRA Y CARNE

Esta larga, tozuda y desconcertante pandemia nos ha hecho a todos estar mucho más pendientes de las noticias: el coronavirus, las residencias de mayores, las subidas de la luz, el gas, los alimentos, la inflación, las ayudas económicas…

También de todo tipo de chismes relativos a amoríos, líos familiares, rupturas, embarazos de famosas… quizá con la pretensión de distraernos de tantas otras cosas preocupantes. El uso de las redes también ha crecido exponencialmente, como las aplicaciones para estar conectados con quien sea y a todas horas. Se han multiplicado las llamadas «fake news», que en castellano conviene traducir por noticias falsas, bulos, mentiras o -como yo prefiero decir- «paparruchas». Los entendidos han elegido como palabra del año «vacuna»…

El caso es que nos hemos «saturado» de palabras, palabrerías y malas noticias, y un cierto número de personas han optado por «negar» la realidad, por muchos datos verificables que se les pudieran aportar. Sin embargo, también hemos podido encontrar algunas «buenas noticias», que nos vienen bien para este recién comenzado año, para animarnos con la «gente buena» y creativa. A mí me ha hecho bien leer:

* Rodrigo, un niño madrileño de cuatro años que se disfraza de elfo y vende caramelos para pagar la terapia de su amigo de 7 años que padece una enfermedad neurodegenerativa.

* Isaac Bousnane, de 35 años y origen marroquí, dedica sus días libres a cortar el pelo a personas sin hogar para ayudarlas a salir de la calle.

* Una farmacéutica de Madrid dona antígenos a personas sin papeles: «“Es mi deber como sanitaria».

* A una señora de 84 años en Málaga se le olvidó el «pin» necesario para efectuar un pago de 60 euros con su tarjeta, y trataba inútilmente de localizar con su móvil a alguien que la ayudara. Un desconocido joven se lo dejó pagado, sin decir nada, y se marchó.

* Un conocido chef de Málaga ha iniciado la ‘operación abuelo’ en la que se prestará ayuda a los abuelos que estén faltos de recursos económicos, o que se encuentren solos.

Y tantas otras que cada cual puede conocer de su propio entorno…

Me venían a la mente al leer el Evangelio de hoy: Juan venía para dar testimonio de la luz, no era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. De eso se trata. La luz podrá ser muy pequeña (como las que he recogido antes), pero cuando hay mucha oscuridad… se ve más y mejor. Por tanto, SEAMOS LUZ a lo largo de este nuevo año.

El Papa Francisco, en su bendición del día de Navidad, comentaba:

El Verbo se hizo carne para dialogar con nosotros. Dios no quiere tener un monólogo, sino un diálogo. Dios nos mostró el camino del encuentro y del diálogo al venir al mundo en la Persona del Verbo encarnado. Es más, Él mismo encarnó en sí mismo este camino, para que nosotros pudiéramos conocerlo y recorrerlo con confianza y esperanza. Hermanos, ¿qué sería el mundo sin ese diálogo paciente de tantas personas generosas que han mantenido unidas a familias y a comunidades? En este tiempo de pandemia se pone a prueba nuestra capacidad de relaciones sociales, se refuerza la tendencia a cerrarse, a valerse por uno mismo, a renunciar a salir, a encontrarse, a colaborar.

Me parece un reto estupendo y oportuno para los que somos discípulos de Jesús, precisamente en estos tiempos en que bastantes de nuestros políticos se enfrentan, se atacan, se desprecian, insultan… haciendo «gala» a menudo de muy malas formas y educación. Y como nosotros mismos, que nos enrocamos en nuestras posturas, criterios y valoraciones… favoreciendo un clima de desencuentro, de agresividad, de exclusión… Pues que a lo largo de este nuevo año seamos PERSONAS DE PALABRA (el Unigénito de Dios vino lleno de gracia y de verdad) y de DIÁLOGO, de encuentro, de colaboración. Especialmente con los «distintos». Y también con el Dios-Palabra (oración), para que nos enseñe a acercarnos a los otros -como él mismo hizo- aunque nos rechacen, pero que no nos arrastren ni nos contagien: «y el mundo no la conoció»,

Y un tercer apunte: «Se hizo carne y habitó entre nosotros». La palabra «carne», para los griegos, significaba lo que es débil, mortal, pasajero, capaz de sufrir. A nosotros nos gusta creer que somos dioses y que lo podemos todo: con dinero, con poder, con la ciencia… A nuestros sueños de omnipotencia, que no quieren reconocer y aceptar la propia fragilidad se oponen los de un Dios «Omnipotente» que ha elegido compartir nuestra carne, nuestro sufrimiento, nuestras limitaciones, incluida la muerte. El encuentro verdadero con el hombre sólo era posible si Dios se hacía en todo como nosotros (menos en el pecado). EN TODO. Y nuestro encuentro con Dios y con el resto de los hombres ha de ser igual: desde nuestra verdad débil y vulnerable. Una invitación a la HUMILDAD, que no nos quita dignidad, puesto que seguimos siendo «hijos de Dios», nos ha dado el poder de ser hijos de Dios, y hemos recibido gracias tras gracia. Aceptarnos como somos y como estamos, sin «negacionismos» ni autoengaños. La debilidad nos facilita el encuentro con otros, tan necesitados y débiles como nosotros. Así entendemos mejor aquello de san Pablo: «Cuando soy débil, ¡entonces soy fuerte!» (2Cor 12, 10). En cambio la autosuficiencia, el creer que solos podemos con todo… nos encierra en la soledad, el aislamiento, la falta de amor.

Así pues: Seamos personas de LUZ, seamos personas DE PALABRA (verdad, coherencia), personas de DIÁLOGO y personas HUMILDES, de CARNE, Podemos serlo porque somos hijos de Dios, como el Unigénito de Dios, del que seguiremos recibiendo gracia tras gracia.

Festividad del Dulce Nombre de Jesús

El próximo día 3 de enero de 2022 tendrá lugar a las 19:30 h en la Parroquia de San Andrés la Santa Misa con la que celebraremos los hermanos y devotos de Jesús Nazareno la Festividad del Dulce Nombre de Jesús, celebración centenaria de la Cofradía y establecida en el calendario cultual en nuestros Estatutos Cofrades.

La Cofradía ha tenido que tomar esta decisión debido a la situación sanitaria actual y a las restricciones que las Autoridades Sanitarias han impuesto a las Residencias de la Tercera Edad, que no permiten el acceso a la Iglesia Hospital de Jesús Nazareno al estar anexa a la Comunidad de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno y a la Residencia.

Tenemos una nueva ocasión de compartir junto a la Comunidad Parroquial de San Andrés una de las celebraciones más importantes para la Cofradía.

Evangelio de la Festividad de la Sagrada Familia

Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,41-52)

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua.
Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.
Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».
Él les contestó:
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.
Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Palabra del Señor

CUIDAR LA FAMILIA

La Sagrada Familia, ya sabemos, está formada por María, José y el Niño. ¿Por qué la llamamos «sagrada»? La verdad es que ni José ni María eran personajes excepcionales, si no hubiera sido porque se dejaron en las manos de Dios, se pusieron a su servicio, y aceptaron vivir consagrados a la misión que Dios les encomendaba. Su misión fundamental sería crear al clima necesario para que aquel Niño tan especial creciera sano, fuera feliz y aprendiera todas esas cosas importantes que los padres transmiten a sus hijos, abriéndoles el camino de la vida y de la fe. Ni las guarderías o escuelas, ni los grupos de amigos, ni las parroquias, ni los medios de comunicación social, logran penetrar tan a fondo en la intimidad infantil como los familiares, esas personas de quienes se depende absolutamente durante los seis o nueve primeros años de vida. Esta familia de Nazareth no sería muy diferente de cualquier otra familia que fuera consciente de su vocación divina, de cualquier matrimonio que se haya tomado en serio aquellas palabras que un día se dijeron ante el altar de Dios:

– Yo me entrego a ti y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad todos los días de mi vida.

– Estamos dispuestos a recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos, a educarlos cristianamente y a hacer de nuestro hogar el lugar donde puedan crecer y aprendan a darse a los demás.

Apunto, sin entrar en detalles, algunos de los problemas y dificultades más frecuentes:

En muchas familias, la gran dificultad es la falta suficiente de comunicación y de encuentro profundo (a pesar de que puedan pasarse horas juntos). Cuesta hablar, y cuesta encontrarse, más allá del «tenemos que ir a», «hay que comprar…», «hay que llevar al niño a…» y otras parecidas. El «me siento», «lo siento», «me preocupa», «te agradezco», «necesito»… cuestan bastante más.

No pocas veces el amor primero que se selló sacramentalmente… no se ha cuidado debidamente. Se dan cosas por supuestas. El otro tiene que «adivinar» lo que me pasa. Se prefiere reservarse ciertos asuntos para evitar conflictos o preocupar al otro. Se van descuidando los pequeños detalles. No se revisa cómo va la relación. No se buscan medios para madurar y crecer juntos… Puede que se aprenda a convivir con el otro y con los otros… pero sin que podamos decir que mi familia es un don, es un regalo, es una tarea…

La vida espiritual matrimonial es muy variada. Hay quienes rezan algo juntos, o van a misa juntos. Menos forman parte de alguna comunidad de fe o de matrimonios. Pero a la hora de la verdad, pocas veces la vida espiritual personal y familiar… afecta gran cosa al cada día. Falta compartir la Palabra, la acción de gracias concreta, el pedirse perdón, orar juntos por alguna preocupación…

Nadie transmite lo que no vive, o vive rutinariamente. La crisis social, cultural, religiosa y eclesial hace que en la práctica la fe vaya quedando arrinconada, o reducida a momentos puntuales. Bastantes parejas no han sabido o querido madurar, formarse, cultivar una fe que tenga algo que aportar a su vida cotidiana. Y hay tantas opciones, tantos criterios, tantas sensibilidades distintas… ¿qué podemos entonces compartir juntos y transmitir a los hijos?

Con respecto a la educación de los hijos en «valores» y en la dimensión trascendente de la persona… hay también mucha variedad. Hay padres casi del todo despreocupados de este asunto. Los hay desorientados por la diferencia de criterios dentro de la pareja, y por la distancia que perciben entre lo que ellos aprendieron… y lo que viven hoy sus hijos, no sabiendo cómo actuar. Parece que los hijos se «forman» (sí, entre comillas) más en los medios de comunicación, internet, las redes, los grupos de amigos, los estudios… La «cultura» va muy deprisa y no pocas veces se sienten desbordados o perplejos. Hay padres que «delegan» en los centros de formación, en las catequesis, en las clases de religión… Y los hay también, cómo no, responsables, implicados, comprometidos, acompañando a sus hijos en el crecimiento de todos los aspectos del ser humano.

Aunque han quedado ya apuntadas algunas pistas, subrayo y propongo SEIS que ayuden a mejorar y animar esta gran tarea de construir y ser una familia santa:

Es necesario que los padres se quieran, y se apoyen, y que los hijos sepan y vean que se quieren y maduran juntos, de las mil maneras que puede expresarse y mimarse el amor.

Es importante el afecto de los padres hacia los hijos (y viceversa). Los hijos necesitan menos que les den cosas (dinero, estudios, viajes, objetos…), y más que los padres estén cerca oportunamente. Supone atención personal a cada uno, cercanía, respeto, darles responsabilidades (sin darles tantas cosas hechas), exigencia apropiada, etc. Y los padres también necesitan sentir el aprecio de los hijos.

Es esencial la comunicación de la pareja entre sí y con los hijos. Una comunicación que no huela a fiscalización ni se convierta en reproche continuo, y no sólo en torno a cosas que «hay que hacer»… sino una comunicación que busque comprender, compartir experiencias, sentimientos, vivencias, inquietudes, proyectos, preocupaciones. Y aprovechar mucho mejor el escaso tiempo que se puede estar juntos, reservando incluso algunos momentos para estos encuentros.

No hay que olvidar la coherencia entre lo que se dice o pide a los hijos y el propio comportamiento. El perdón y reconocer los errores tiene un papel muy importante.

Es importante también el cultivo de una fe más compartida por la pareja y por toda la familia (teniendo en cuenta las diferentes edades): aprender a orar juntos, leer juntos la Palabra de Dios, comprar algunos libros religiosos (los hay muy buenos) para facilitar la meditación y la maduración en la fe… dialogar sobre la formación religiosa que se va recibiendo en la Parroquia y el Colegio, etc. Ofrecer humildemente el propio testimonio personal a los hijos…

Por último: la familia va más allá del matrimonio (cuando lo hay) y los hijos. Hay otros miembros y, ya que parece que la soledad se ha convertido en un rasgo relevante en estos tiempos, pues no podemos olvidarnos de los que están solos, enfermos, mayores, con dificultades del tipo que sea…

¡Ah! Nunca es demasiado tarde para «relanzar» ilusiones, proyectos. Siempre es tiempo de renovar y de reconstruir y de resucitar. ¡Adelante!

¡Ha Nacido!, Encuéntralo

Hace falta tener bien entrenado el oído y el corazón en silencio para poder percibir la grandeza de esta noche.

El paso de Dios por nuestra vida, Él lo sabe, no es facil reconocerlo pues nuestras pobres luces no dan para tanto. Por eso le gusta dejar, de cuando en cuando, que asome alguna señal de su presencia, que algún indicio nos diga que es su voz, y no otra la que habla en esta noche santa.

La señal que va dejando Dios, son más bien pistas que es necesario descubrir y que hay que saber interpretar. Es así, de puntilla, como Dios se ha ido acercando a nuestra historia hasta hacerse compañero de camino.

Una de las señales más antigua es la “virgen madre”, es la promesa de los profetas que queda como señal desdibujada. Que el pueblo de Israel la oía sin saber a ciencia cierta lo que Dios quería decir con esta palabra. Hasta que llegó María. En ella, de pronto, aquella señal tomo cuerpo, se perfiló. María era la esperada señal de que Dios que está con nosotros.

Un niño en un pesebre envuelto en pañales fue la otra señal para los pastores de Belén. Ningún vecino del pueblo había descubierto la señal de ese matrimonio que llamaban a la puerta o esa mujer apunto de dar luz, solo fueron los pastores lo que salieron saltando de gozo y glorificando al Señor en la cueva de Belén. Fue así como la alegría entró por la puerta menos previsible en la historia de los hombres.

Hubo también otra señal para los magos: la estrella. Mientras los entendidos de Israel no supieron entender la sagradas escrituras,unos lejanos gentiles consiguieron descubrir lo que decía el libro abierto del firmamento: una estrella los puso en camino hacia la plena luz del recién nacido rey de los judíos.
Pero hay otra señal que somos tú y yo. si una señal que tiene que alumbrar sin deslumbrar que debe chocar sin golpear, que debe mover sin arrastrar: La vida de los cristianos.
Cada vez que alguien, tocado por la luz de Belén, decide dar otro rumbo a su vida, y se echa amar a velas desplegadas, en aquella casa, en aquel barrio, se ha encendido una luz. Una luz que interpela, una luz que invita a descubrir ese camino, a entrar en esa aventura.

Nosotros, cada uno, esta noche y siempre si nos podemos amar con obras al hermano, si en tu corazón hay un poco más de amor, si sabes perdonar al que te ofende, si buscas a Dios de verdad, si trabajas por la justicia entre los hombres, si le das una mano al caído… estamos siendo para el mundo una señal, la señal del Enmanuel: de que Dios-está-con nosotros.¡Es Navidad!

Que la alegría que trae este Niño-Dios empape tu corazón y lo noten todos los que te rodean.

¡Feliz Navidad!
¡Feliz Encuentro!

Feliz Navidad

El Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, María Santísima Nazarena, San Bartolomé y Beato Padre Cristóbal de Santa Catalina queremos desearos una Feliz Navidad.

«Que el niño Jesús que nacerá esta noche inunde vuestros hogares de mucho amor y misericordia

La imagen que ilustra esta felicitación ha sido confeccionada con los Christmas premiados en el Concurso que ha organizado el Colegio de Jesús Nazareno y la Cofradía entre los alumnos de las distintas etapas educativas.

Gran Donación de El Corte Inglés para la Campaña de Reyes 2021

En la mañana de hoy hemos recibido la visita en nuestra Casa de Hermandad de Javier Escobar representante de la empresa El Corte Inglés.

Como en años anteriores, el Corte Inglés ha realizado una importante donación a la Cofradía de Jesús Nazareno para la campaña de recogida de juguetes que se destinarán para llevar un poco de ilusión a los niños de las familias más desfavorecidas del barrio y de la Cofradía.

Este año debido a las medidas sanitarias y a las restricciones de aforo, no se realizará la entrega con una fiesta y la visita del Paje Real como en años anteriores. Para esta ocasión el reparto se encargará a las propias Cáritas Parroquiales con las que colaboramos habitualmente.