Jesús Nazareno, una fuerza que sana

«Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.» (Lc 6, 18-19)

Jesús Nazareno, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor y haz que cuantos creemos en ti, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna.

Cuida de las Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno, de los residentes y de todo el personal que trabaja en la Residencia de Jesús Nazareno, especialmente de todas las personas contagiadas. Extiende tu manto protector sobre ellos y permíteles sentir esa fuerza sanadora que irradias y no permitas que sucumban ante la enfermedad y el desánimo.

Oración para hoy jueves 29 de octubre de 2020 a las 21:00 h.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y librarnos del mal. Amén.

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Caballero del Silencio, Tú, que con tu escudo en forma de cruz todo lo puedes, vela por nuestros mayores. Aquellos que nos han dejado en herencia todo lo que hoy tenemos y que en tu casa, en su casa, esa que lleva tu nombre, sueñan con levantarse y acudir a tu llamada. Mientras Tú velas su sueño, junto al Beato Cristóbal cuida de ellos pues son fuente de sabiduría y una vez más son los más vulnerables en estos duros momentos. Mucha fuerza para nuestra Residencia de Jesús Nazareno y para todas las residencias que luchan por cuidar de nuestros mayores.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén
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Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Nuestros Sagrados Titulares los protejan y los cuiden.

María nos invita a ponernos en manos de Jesús Nazareno

«Haced lo que él os diga»

María nos invita a ponernos en manos de Jesús Nazareno, de confiar en su intervención divina. Acudimos a ella en busca de consuelo, de amor, de cercanía y obtenemos mucho más de los que ofrecemos, María solucionó las necesidades de los demás, poniéndolas en manos de Jesús Nazareno.

Con este humilde gesto de compartir una oración, buscamos la intercesión de María Santísima Nazarena para que ilumine nuestras plegarias de modo que puedan salir de nosotros mismos, de nuestras preocupaciones y problemas, y nos abra el corazón a lo que nos quiere decir.

Oración para hoy miércoles 28 de octubre a las 21:00 h.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y librarnos del mal. Amén.

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Madre Nazarena, acudimos a ti hoy como hijos tuyos que somos.
Te pedimos que intercedas por nosotros ante Jesús Nazareno, como lo hiciste en las bodas de Caná. Ruega por nosotros, Madre amorosa, y obtén para nuestra Congregación hospitalaria y nuestra Residencia y por aquellos que están afectados de esta enfermedad, te pedimos que les concedas la gracia de la sanación y la liberación. Escucha los gritos de aquellos que son vulnerables y temerosos, seca sus lágrimas y ayúdalos a confiar, Madre
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Nuestros Sagrados Titulares los protejan y los cuiden.

Jesús Nazareno ante el dolor

«Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pescado, le da una serpiente? Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan!»

Los Cofrades de Jesús Nazareno desde nuestra humildad queremos elevar nuestras petición para que Nuestro Padre Jesús proteja nuestra Residencia y a todos los que en ella habitan.

Oración comunitaria para hoy martes 27 de octubre a las 21:00 h.


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y librarnos del mal. Amén.

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

Recordemos en estos días difíciles a Jesús Nazareno. A Él le traían todos los enfermos y Él los curaba. Es por ello que a Él le pediremos con fe y esperanza por la salud de nuestros residentes, hermanas hospitalarias y personal de nuestra residencia y por todas las víctimas de esta enfermedad, para que Él los reconforte y sientan su mano amorosa.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen

Nuestros Sagrados Titulares los protejan y los cuiden.

Nuestra Señora de la Soledad y Eucaristía por todos los Hermanos Difuntos

El próximo lunes día 2 de noviembre a las 12:00 h. tendrá lugar la Celebración en Honor a Nuestra Señora de la Soledad con Solemne Eucaristía que se aplicará por el eterno descanso de todos los hermanos difuntos de la Cofradía y con un especial recuerdo a todos hermanos y familiares que nos han dejado en este último año, como preceptúan nuestros Estatutos.

Debido a la delicada situación en la que se encuentra la Residencia de Jesús Nazareno, la celebración tendrá lugar en la Parroquia de San Andrés y estará presidida por el Rvdo. P. D. Pablo Calvo del Pozo, Párroco de San Andrés.

Invitamos a todos los hermanos y devotos a participar de esta Eucaristía observando todas las medidas de higiene y distanciamiento social establecidas por las Autoridades Sanitarias. Así mismo se recuerda que según las limitaciones establecidas para cultos religiosos no se podrá superar el aforo del 50% de la Parroquia.

María, ejemplo de Servicio

«Aquí está la esclava del Señor, hágase en mi, según tu palabra»

Aún con dudas después de recibir el anuncio del Arcángel San Gabriel, María Santísima Nazarena se ofrece por completo a Dios. María siempre es el mejor ejemplo donde mirarnos en los momentos más duros de la vida, una vida de servicio y sacrificio.

Miremos a María con Fe y ofrezcamos nuestra oración diaria a ella, para que interceda por todos los enfermos ante Jesús Nazareno y de fuerzas a todo el personal de la Residencia de Jesús Nazareno para que no desfallezcan en su gran labor de cuidar al necesitado.

LUNES 26 DE OCTUBRE

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y librarnos del mal. Amén.

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

Jesús Nazareno, tu que has querido asistir en el trabajo de hoy a todo el personal de nuestra residencia, pobres siervos que sirven con Amor a nuestras hermanas hospitalarias y nuestros residentes, acoge nuestra oración por todos ellos y en la que te damos gracias por el servicio que ellos hacen.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen

Nuestros Sagrados Titulares los protejan y los cuiden

Cristóbal, el Ejemplo ante la Adversidad

«Tu Providencia y mi Fe mantendrán esta casa en pi

Escuchada mil veces dentro de la Comunidad, esta famosa frase del Beato Padre Cristóbal de Santa Catalina a Nuestro Padre Jesús Nazareno se hace más presente en estos días y nos marca el camino de la Fe, de confiar en Jesús Nazareno la protección de nuestras Hermanas Hospitalarias, residentes y personal de Jesús Nazareno.

Hoy domingo a las 21:00 h. nos reunimos nuevamente en oración, para pedir con Fe tu Providencia, Señor.

DOMINGO 25 DE OCTUBRE

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y librarnos del mal. Amén.

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

Jesús Nazareno, te pedimos que confortes a nuestra Residencia de ancianos en las adversidades que están viviendo en estos momentos y te rogamos humildemente que reafirmes nuestra confianza en tu protección y confirmes nuestra Fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen

Nuestros Sagrados Titulares los protejan y los cuiden.

Evangelio 30° Domingo del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,34-40):

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»
Él le dijo: «»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Palabra del Señor

Amar a Dios, amor de Dios, amar como Dios

• Lo de amar a Dios y al prójimo lo tenemos archisabido. Lo sabemos y a menudo lo procuramos. Pero pocas veces tenemos en cuenta que nuestro corazón, espontáneamente, no tiende a amar así por las buenas a cualquier «prójimo», sino que tiende a buscar, amar, seleccionar y corresponder a aquellos que percibe como amigables y agradables, mientras se encoge o cierra con los adversarios, con los distintos o, simplemente, ignora a los que no le interesan especialmente. Y nos parece natural, y no nos causa especial inquietud. salvo contadas excepciones.

• Ya es un primer paso acoger esa Palabra de Dios que nos advierte para que no dejemos entrar en nosotros al resentimiento, el odio, la revancha… porque nos daña principalmente a nosotros mismos. Pero saltar a amar a todos es bastante más complejo, porque el instinto natural sólo entiende de amigos; no fluye espontáneamente de nosotros la actitud y generosidad de amar a todos. Y casi diríamos «¡ni falta que hace!». Con respecto a lo de conformarnos con amar sólo a los nuestros (aunque tampoco sobran a veces las dificultades), ya lo valoró Jesús en otro momento: si saludáis a los que os saludan, ¿qué merito tenéis? ¿Si amáis a los que os aman? ¿Qué merito tenéis? También lo hacen así los paganos (Lc 6, 32-33). ¿Qué hacéis de extraordinario? Y levanta el listón: «Amaos los unos a los otros, amad a los que os odian, rezad por los que os persiguen, si te piden medio, da entero»… Es decir: que como discípulos de Jesús tenemos que llegar más allá de ese espontáneo amar a los nuestros, a los que nos corresponden.

• Para asumir estos retos de Jesús hay que empezar, por aceptarnos a nosotros mismos, tal como somos y estamos. Y al mismo tiempo también, aceptar la misericordia de Dios, que al amarnos y comprendernos en nuestra miseria, nos posibilita tratar a los otros con la misma generosidad e incondicionalidad. Sería tarea imposible pretender llevarnos bien con todos los demás sin aceptarnos a nosotros mismos y, sin haber experimentado el amor y el perdón de Dios.

Por eso, antes que nada necesitamos amarnos como Dios nos ama, para poder después amar a los demás como a nosotros mismos. El amor a nosotros mismos no puede ser, sin más, el punto de referencia para tratar a los demás, porque descubrimos comportamientos de puro egoísmo, de inadaptación y falta de autoaceptación, la irritabilidad o el descontento personal, el tener una autoestima demasiado elevada o excesivamente baja, heridas sin cerrar… y todo esto nos causa daño a nosotros y lo acabamos reflejando en los demás. Si yo no estoy bien… será muy difícil tratar a los demás bien. Y si yo estoy mal conmigo mismo…. los otros experimentarán sin duda las consecuencias.

Jesús, en su único y nuevo mandamiento, reformuló el «como a ti mismo»… por «como yo os he amado». Mucho mejor y más claro si el punto de referencia no soy «yo mismo», sino su modo concreto y extremo de amarnos. Por eso, más allá de amarnos a nosotros mismos, será necesario amarnos como Dios nos ama y como Jesucristo ama.

• Por la fe yo puedo experimentar: «Tú eres amado». Esto es bien importante: Dios te ama, Dios te ama como eres y como estás, Dios te ama a pesar de todo, Dios te regala su amor, para que puedas amar con él. Déjame que te lo repita: Tú eres amado. Aunque puedas verte con mil limitaciones y dificultades, y te pueda parecer que no «mereces» ser amado. El amor verdadero no precisa los «méritos» del otro, porque es «incondicional». Dios te ama así, y porque sí, porque es Amor, y es su amor el que te hace capaz y fuerte para amar. El amor de otros siempre nos hace más fuertes y mejores amantes, y el de Dios con mucha mayor razón.

Si llegamos a pasar por la dolorosa experiencia de traicionar -como Pedro- su amor, y que nos venza el miedo, la incoherencia… y se nos escapen las lágrimas por nuestra fragilidad, también experimentaremos cómo el Señor nos mira sin reproche, con ternura, con esperanza, nos sentiremos perdonados… La aceptación de la propia fragilidad, y el reconocerla delante de Dios es la ocasión para que el Señor nos encomiende -como a Pedro- que cuidemos de los demás: «Como yo te amo, te perdono y te miro con ternura después de tu caída… te encomiendo que te acerques a los otros y los cuides en mi nombre». No se lo había pedido antes de caer, sino después. Nuestra flaqueza y nuestro pecado nos permiten y ayudan a acercarnos a los otros desde la misericordia, desde la ternura, desde la acogida…

• Dando un paso más, debiéramos amar a los demás como a Cristo en persona. Hacernos conscientes de que al amar, no amamos a otro diferente que al mismo Cristo. Convertiríamos así nuestras relaciones en un verdadero sacramento. Si procuráramos con nuestros ojos de fe reconocer en los demás al mismo Hijo de Dios, temblarían nuestras manos, y el corazón sobrecogido pondría en cada uno de nuestros gestos la ternura, la delicadeza, la misericordia, el amor más intenso. Leemos en la Primera Carta de San Juan: el que ama a Dios, ame a su hermano (1Jn 4, 20-21). Y es tan fuerte esa relación entre Cristo y los otros, que él mismo dirá un día: “Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y «me» disteis de comer, «me» disteis de beber, me acogisteis enfermo, o emigrante… Nuestro corazón debiera estremecerse al tener cada día tantas oportunidades para amar y servir al mismo Cristo en persona, amando a cuantos viven y pasan cerca de nosotros. Pero aunque hiciéramos el bien y amáramos sin ver en ellos a Cristo (tantos hombres buenos lo hacen), será él quien lo tenga en cuenta y nos dirá aquel día: Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis”.

• Todavía podríamos señalar otra vía para el amor: Amar como si nosotros mismos fuéramos Cristo. Cristo, aquel que perdonó, curó, acogió, se sentaba con pecadores, hizo el bien por donde pasaba… Que pusiéramos la ternura del Maestro en nuestros oídos; hablásemos con calma y anunciáramos la Buena Noticia con nuestras humildes palabras y actitudes. Todo nuestro cuerpo y nuestro corazón, nuestro pensamiento pueden ser los del propio Jesucristo. ¡Qué vocación más admirable, que quien nos vea, le vea a Él!. Cristo pudo afirmar de sí mismo: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre». Todos sus discípulos tenemos planteado el mismo reto: que al amar nosotros le vean a él, le experimenten a él, para que el mundo crea: “Mirad cómo se aman”, que se decía de las primeras comunidades.

• Y ¿cuál sería la clave para sentirme profundamente amado, a pesar de mis limitaciones, y que mis obras y actitudes reflejen ese amor de Dios? La respuesta está en Cristo. Él se sentía continuamente bajo la mirada amorosa de su Padre. Y a Él levantaba los ojos a la hora de una decisión, de curar, o de hacerse Pan partido. El Señor sabía encontrar tiempo para estar con Él a solas. Y hacía de la voluntad del Padre su principal alimento. Éste era su «truco», si se puede decir así. Y el nuestro: tenemos a nuestro alcance las fuentes del amor de Dios: su palabra, la Eucaristía (que llamamos sacramento del amor de Dios, donde él se nos entrega siempre que lo busquemos), la comunidad de hermanos que comparte, se entrega y ama, el don del Espíritu Santo (el Amor de Dios en mí) y que Dios nunca niega a quienes se lo piden…

• Nuestro amor, por ser sacramento del mismo Cristo, está llamado a abrir el horizonte de los hombres y colocarlos directamente ante Dios para que se sientan amados por él. LA TAREA Y LA MISIÓN ES QUE A TRAVÉS DE MÍ SIENTAN Y SE ENTEREN DE QUE QUIEN DE VERDAD LES AMA ES CRISTO, ES DIOS. COMO ME AMA A MÍ, COMO PROCURO AMARLOS YO.

San Rafael, Rogamos tu Intercesión

“Yo te juro por Jesucristo Crucificado que soy Rafael, Ángel, a quien Dios tiene puesto por Guardián de esta Ciudad”.

En este duro momento que estamos viviendo la gran Comunidad de Jesús Nazareno, tenemos muy presente la revelación del Arcángel San Rafael al Padre Roelas, donde le juró haber sido designado por el Altísimo como Custodio de Córdoba.

La Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, María Santísima Nazarena, San Bartolomé y Beato Padre Cristóbal de Santa Catalina queremos unirnos diariamente en nuestras oraciones para pedirle a Nuestro Padre Jesús Nazareno que proteja y cuide a todos los enfermos y afectados por el COVID-19 y muy especialmente a las Hermanas Hospitalarias, residentes y personal de la Residencia de Jesús Nazareno.

Por este motivo, hoy en la Festividad de nuestro Arcángel Custodio, a las 21:00 h., todos los Cofrades de Jesús Nazareno y devotos que lo deseen uniremos nuestras rogativas a San Rafael, para que interceda por todos ellos antes Jesús Nazareno.

Oración para hoy día 24 de Octubre a las 21:00 h.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y librarnos del mal. Amén.

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

Te pedimos Sagrado Custodio San Rafael, que intercedas ante Jesús Nazareno, para que nuestra Congregación Hospitalaria y los residentes de nuestra Residencia que están sufriendo esta pandemia, vean en sus dolores una participación de la pasión de Jesucristo, para que así tengan también parte en su consuelo.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen

Nuestros Sagrados Titulares los protejan y los cuiden.

Comunicado ante la situación actual

En estos difíciles momentos por los que esta atravesando la Residencia de Jesús Nazareno y la Comunidad Hospitalaria Franciscana de Jesús Nazareno, la Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, María Santísima Nazarena, San Bartolomé y Beato Padre Cristóbal de Santa Catalina quiere mostrar todo su apoyo y cariño a nuestras Hermanas Hospitalarias, residentes y todo el personal que trabaja en sus instalaciones.

Rogamos a Nuestros Sagrados Titulares que los protejan y los cuiden en esta delicada situación.

Evangelio 29° Domingo del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,15-21):

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?»
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.»
Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?»
Le respondieron: «Del César.»
Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

Palabra del Señor

¿QUÉ SIGNIFICA HOY DAR A DIOS LO QUE ES DE DIOS?

Lo del César y lo de Dios. Lo de Dios y lo del César. A Jesús le quieren tentar los fariseos y herodianos para que tome partido por una de las dos opciones. Es una pregunta trampa: si optara por el César… llevaría la contraria a la Ley de Dios, pues Dios está por encima de todas las cosas, de todos los reyes, de todos los poderes. Es el mandamiento principal… y no estaría conforme con la fe judía. Si opta por Dios… es denunciable al césar, porque nadie puede anteponerse a él. Los fariseos estarían esperando la primera opción, pues son totalmente contrarios al sometimiento a Roma del pueblo judío. Los herodianos, en cambio, no consentirían que alguien se oponga a la autoridad del César… y lo denunciarían. La respuesta que Jesús les ha dado se ha prestado a múltiples interpretaciones, actualizaciones y aplicaciones… procurando cada cual arrimar el ascua a su sardina. Y la separación y distinción y mutua implicación entre política y religión, entre Estado e Iglesia no termina de estar suficientemente clara en muchos ámbitos.

Si damos la palabra a los Santos Padres, por ejemplo a san Hilario y Lorenzo de Brindisi:

  • Conviene por lo tanto que nosotros paguemos a Dios lo que le debemos, esto es, el cuerpo, el alma y la voluntad. La moneda del César está hecha en el oro, en donde se encuentra grabada su imagen; la moneda de Dios es el hombre, en quien se encuentra figurada la imagen de Dios; por lo tanto dad vuestras riquezas al César y guardad la conciencia de vuestra inocencia para Dios».
  • «Hay que pagar al César la moneda que lleva su efigie y la inscripción del César, a Dios lo que ha sido sellado con el sello de su imagen y semejanza… Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios (Gen 1,26). Eres hombre, ¡oh cristiano! Eres la moneda del tesoro divino, una moneda que lleva el sello y la inscripción del emperador divino. Por tanto, pregunto con Cristo: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?» Tú respondes: «De Dios.» Yo te respondo: ¿Por qué, entonces, no das a Dios lo que es suyo?»». Quiere decirse, entonces, que el hombre, todo hombre, merece un respeto que ningún «emperador», partido político, ideología, interés económico, religioso, nacionalista o cualquier otro, pueden pretender ignorar o suprimir. Y que es nuestra tarea como seres humanos y como seguidores de Jesús… defender y proteger esa «moneda» que solo pertenece a Dios y de la que nada ni nadie se puede apropiar: el ser humano, todo ser humano.

No dar a Dios lo que es de Dios (por poner unos pocos ejemplos) significa y supone:

  • Que muchos jóvenes, inmigrantes y personas mayores de 45 años tengan que asumir contratos abusivos y horarios agobiantes, para poder llevar algo de dinero a casa.
  • Que cuando los poderosos de la tierra se reúnen a organizar la economía mundial, tengan como criterio prácticamente exclusivo el beneficio económico de los países más ricos
  • Que cuando los organismos internacionales (incluida la Iglesia) hablan del hambre en el mundo, la destrucción de la naturaleza, y el creciente abismo entre ricos y pobres… no seamos capaces de tomar decisiones y empezar a renunciar a parte de nuestra comodidad y lujos, y cambiar estilos de vida.
  • Que llevemos un estilo de vida tan acelerado, con la agenda atiborrada, y nos falte tiempo para estar con la familia, comer juntos, tener una conversación tranquila… o encontrar tiempos y espacios de silencio para la oración y la meditación, la lectura reflexiva. Aunque sí encontramos «tiempo» para estar enganchados a las redes sociales, ir al cine, ver la televisión, o dejar pasar las horas de manera inconsciente y con poco sentido.
  • Que sigamos empeñados en meter en la cabeza de los jóvenes la importancia de estudiar y conseguir un buen puesto de trabajo, ser los primeros a toda costa… aunque luego sean unos egoístas, insolidarios, exigentes, comodones y señoritos. Los «valores» y el cultivo de lo que nos hace personas (la vida interior) están de capa caída, aunque seguramente harían esta sociedad mucho más humana.
  • Que ir a comprar no sea ya consecuencia de la necesidad de adquirir un producto determinado o necesario, sino una costumbre y un placer: «a ver qué encontramos». Luego nos vamos llenandoos de chismes inservibles y de cosas que realmente no necesitamos, y que no sabemos dónde poner, y acabamos buscando a quién dárselas porque ya no están de moda, no es «lo último», ocupa sitio…
  • Al césar tenemos que pagarle el tributo de tener un determinado aspecto físico -como sea, incluso llegando a enfermar -, invertir dinero en ropa no para vestir, sino para presumir y dar buena imagen; acudir a ciertos lugares de moda, ver tales películas, tener ciertos discos-libros-programas de ordenador, ver ciertos partidos de fútbol… mientras procuramos no ver a quienes ni agua tienen para lavarse…
  • Que las relaciones personales, en lugar de ser de verdadera amistad, se conviertan en «relaciones sociales» donde los favores se apuntan y se cobran… pero donde hay escasa confianza, libertad, gratuidad, confidencia…
  • Que la atención sanitaria y la futura vacuna excluya a los que no tienen recursos, a los que son muy mayores para ocupar una cama de hospital…
  • Que la fe se quiera arrinconar en el ámbito privado, o se ridiculice, o se convierta en acontecimiento turístico o folklórico, y que no repercuta ni afecte a la cultura, a las opciones políticas, al arte, a la educación… porque estas cosas son todas del «cesar» y Dios no tiene nada que decir.
  • Que además de las desastrosas consecuencias que está teniendo el coronavirus, y que se hagan (menos mal) tantos esfuerzos por encontrar una solución, nos «olvidemos» de que en 2018 enfermaron de tuberculosis 10 millones de personas, de las cuales 1,5 millones fallecieron a causa de la enfermedad. O que el número de personas que sufren hambre en el mundo llegó a 690 millones en 2019, unos diez millones más que en 2018. En América Latina y el Caribe, esa cifra alcanzó los 47,7 millones, hilvanando así cinco años consecutivos de aumento de ese lastre en la región.

¿Y QUÉ SERÁ, ENTONCES, DAR A DIOS LO QUE ES DE DIOS?

Pues lo de Dios es la felicidad del hombre. De toda persona: da igual su edad, sexo, condición social o económica, etnia…

Pueden usarse otros sinónimos: salvación, conversión, comunión, fraternidad universal (hay un solo Dios y padre de todos, por tanto Tutti Fratelli). Lo de Dios, tal como lo leemos en toda la escritura, es lo que huela a justicia, paz, compartir, curar, liberar de esclavitudes, madurar y profundizar en nosotros mismos y en nuestras relaciones, dar sentido a las pequeñas cosas de cada día, y también a las decisiones importantes… Dar a Dios lo que es de Dios es impedir que cualquier «hombre» o institución se tome atribuciones que no le corresponden para lograr sus propios beneficios en contra del ser humano, y en especial, de los colectivos más frágiles. Y, desde luego, no servirse del nombre de Dios (2 mandamiento) para «justificar» lo que es incompatible con Él. Esta es la tarea de todo ser humano, pero especialmente es la tarea de los que «son de Dios», de cualquier creyente que sabe cuál es el interés máximo del Dios de Jesús, y el modelo de vida que presentó Jesús, que es la Imagen de Dios por excelencia a la que intentamos parecernos. Hoy hace falta que todos los bautizados nos hagamos mucho más conscientes de que «dar a Dios lo que es de Dios» es el primero de los 10 mandamientos. Mientras no reconozcamos y adoremos el rostro de Dios no en un euro o un dólar, sino en el rostro de los más pobres de la tierra, no estaremos siendo fieles a nuestra fe. Es lo que Jesús nos ha pedido hoy: «Dad a Dios lo que es de Dios». Menos mal que a veces los «Ciros» de turno (primera lectura), aún no siendo conocedores de Dios, hacen mucho en su favor, sin saberlo. Bienvenido sea.