Lectura del Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.
Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?»
Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos»;
y él os replicará: «No sé quiénes sois.»
Entonces comenzaréis a decir.
«Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.»
Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.»
Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»
Palabra del Señor
Reflexiono y rezo.
¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?
Jesús anuncia sorpresas en su Reino. Hay algunos que pensaban entrar con toda seguridad y se quedarán fuera. Y otros, que ni siquiera oyeron hablar del Reino alguna vez, entrarán y disfrutarán. Los que se creían primeros serán los últimos.
¿Cómo salvarse? ¿Cómo entrar en el Reino? ¿Cómo ser felices? ¿Cómo dar sentido a la vida? La respuesta a todas estas preguntas es única: entrando por la puerta estrecha, por la puerta estrecha del Evangelio, avanzando por la senda de las bienaventuranzas, escogiendo el camino del amor, aceptando el riesgo de la cruz.
¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?
Señor, como buen padre, como buena madre, quieres que sea feliz, quieres que viva alegre, en esta vida y por toda la eternidad. Por eso me amas sin límite y me enseñas el camino de la vida, de la salvación.
Señor, yo quiero llegar a la meta. Quiero ser feliz ahora y siempre. Pero a veces estoy cerrado a tu amor y busco puertas amplias, por las que quepan todos mis caprichos; elijo caminos confortables, sin cruces en el recorrido.
Una y otra vez experimento que mis puertas y caminos no llenan mi corazón. Señor, que el aliento del Espíritu y de los hermanos me ayuden a acoger tu amor y a escoger siempre la puerta del amor y el camino de la entrega.