Evangelio 2° Domingo del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio segun san Juan (2,1-11):

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice:
«No tienen vino».
Jesús le dice:
«Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dice a los sirvientes:
«Haced lo que él os diga».
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dice:
«Llenad las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les dice:
«Sacad ahora y llevadlo al mayordomo».
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice:
«Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

Palabra del Señor

UNA BODA EXCEPCIONAL

Curiosa retransmisión de una boda la que nos encontramos nada más comenzar el cuarto Evangelio. Si esta descripción la hubiese hecho alguno de los periodistas de la prensa del corazón, no habría durado demasiado en su puesto de trabajo. Veamos:

– No tenemos ni idea de quiénes son los que se casan. El novio, propiamente, sólo «sale» en las fotos una vez: cuando le están dando la enhorabuena por el vino bueno que ha mandado servir… a pesar de que él no ha tenido nada que ver. Y no responde nada al respecto.

– Con lo bien que se suelen preparar las bodas, ya es raro que se acabe el vino a mitad de la fiesta. Un inexplicable descuido que podría estropearlo todo.

– Sorprende que sea una de las invitadas quien se dé cuenta, y se ponga a dar instrucciones. No consta que fuera pariente de los novios. Sin embargo, es ella la que intenta resolver semejante contratiempo. Y no lo hace dirigiéndose a los novios ni a los responsables de aquel banquete, sino que acude a su Hijo, y luego da órdenes a los camareros/sirvientes, que por cierto la obedecen.

– Tampoco sabemos qué pintan allí tantas tinajas vacías (seis) tan grandes (de unos 100 litros cada una), y además especificando que son «de piedra» (no es un material muy manejable, ni frecuente para hacer vasijas de ese tamaño).

– El cuarto Evangelio sólo nos narra «7» milagros (por usar mejor la palabra, «signos»), y éste es el primero. Lo debe considerar, por tanto, muy importante. Pero no deja de resultar desconcertante que un acontecimiento tan milagroso y espectacular como éste, sólo nos lo haya contado uno de los apóstoles, cuando dice el texto que «estaban todos allí».

Cualquiera puede caer en la cuenta de que este «signo» no encaja en el «estilo» de los milagros que conocemos de Jesús: No es una curación, ni una multiplicación de panes para gente hambrienta… Como uno de mis alumnos comentaba espontáneamente: «¿Jesús facilitando que la gente siga bebiendo en medio de una juerga? No me pega».

– Tampoco es muy comprensible la contestación que Jesús da a su Madre: Primero por llamarla «mujer» (tan inusual en su cultura, como en la nuestra), y luego por lo que le dice: «Déjame, no ha llegado mi hora. ¿A ti y a mí qué nos va en este asunto?». Otros traducen «¿qué tienes que ver tú conmigo?».

Y esto de «la Hora» también tiene su «misterio», porque este Evangelio reserva esta expresión para hablar de la hora de la muerte de Jesús, de su Pascua. ¿A qué viene mencionarla ahora, qué tiene que ver la escasez de vino con la «Hora»?

Todo esto ha hecho pensar a biblistas y teólogos que esta historia es algo más que un «milagro» de Jesús, y que esta boda tiene algo especial, excepcional. Buscando explicaciones a tantas preguntas, comprenden que San Juan quiere decir algo importante, al situar esta boda como pórtico de la tarea misionera de Jesús, como el primero de sus «signos» (siete en total), y que está estrechamente relacionado con su «Hora» y con la Cena Eucarística (el Vino).

Para responder a algunas de estas cuestiones, los profetas del Antiguo Testamento resultan de gran ayuda. Ellos nos han ido presentando el compromiso y la relación de Dios con la Humanidad a través del símbolo del matrimonio. No otra cosa significa la «Alianza». Esa misma que Jesús instaurará cuando llegue su «Hora», esa alianza nueva y eterna que se renueva en cada Eucaristía.

Por otra parte, su Madre, como miembro del pueblo de Dios, constata una realidad y la convierte en oración: Hace tiempo que se les ha acabado el «vino». En toda la escritura el vino es símbolo del amor, de la amistad, de la alegría, del Espíritu. Israel ya no tiene nada de eso: sólo les quedan vasijas vacías (aquellos ritos religiosos que ya no dicen nada a nadie), y aquellos Mandamientos esculpidos en piedra se han quedado en eso, «en piedra»: Enormes vasijas de piedra vacías. La madre de Jesús aparece como portavoz de Israel, del pueblo fiel que aún confía en Dios, y se dirige al único que puede hacer que las cosas cambien radicalmente. Estaba ya profetizada una futura alianza nueva de amor, escrita en los corazones (Ezequiel). Para que sea posible hay que hacer lo que él os diga. El resto del Evangelio irá concretando qué es eso que hay que hacer.

¿Y todo esto qué nos dice a nosotros hoy?

Seguramente necesitamos que María, la nueva «Mujer», la nueva Eva, La Hija de Sión, el nuevo Pueblo de Dios, nos haga caer en la cuenta de nuestro inmenso vacío, de nuestras grandes tinajas vacías de amor, de esperanza, de sentido, de fe madurada … aunque andemos (distraídos) con nuestras fiestas, con nuestras ocupaciones, con nuestras cosas de cada día… Que nos ayude a ver y actuar con esa gran parte de la humanidad que se ha quedado sin «vino»… porque unos pocos nos lo estamos bebiendo todo.

Y, sobre todo, necesitamos la valentía de buscar en Jesús, en lo que Él nos dijo, nos dice y nos pueda decir… el modo eficaz de cambiar radicalmente todo: Nuestra religión (todavía demasiadas normas, cumplimientos, obligaciones…), nuestras relaciones familiares, las estructuras sociales y económicas, ¡y políticas!

La carta de San Pablo de hoy nos viene muy bien para todo esto que comentamos: El Espíritu, también simbolizado en la Biblia por el vino, y que hace posible la alianza nueva y eterna de Dios con sus discípulos… hace surgir los ministerios, los carismas, las capacidades necesarias para construir el mundo nuevo, para ponerse al servicio de los muchos que no tienen nada o casi nada. Nadie puede excusarse diciendo que no sabe qué hacer, o que no puede hacer nada… porque el Espíritu no deja a nadie sin algún don para construir la comunidad y el Reino.

Ponerse a disposición de la Comunidad, de los hermanos, es la condición y la consecuencia de celebrar la Eucaristía, sellando la Alianza Nueva y Eterna de Jesús, el Novio, que al llegar su Hora nos brindó y nos brinda a sus discípulos, el poder comprometernos en «amar como él nos amó», en ser uno, en lavarnos los pies mutuamente… Y quien bebe su Sangre (sella su alianza de bodas), tendrá vida eterna.

Evangelio de la Solemnidad del Bautismo del Señor

Lectura del santo evangelio según san Lucas (3,15-16.21-22):

En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos:
«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego».
Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo:
«Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

Palabra del Señor

Bautizarse y mojarse

Al echar el primer vistazo al Evangelio de hoy… me he quedado pensando en esto: «Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado». Me han venido a la mente las muchas «filas» que hemos podido ver en estos días, en España y también fuera: Filas para vacunarse, filas para hacerse un test o ser atendidos en el ambulatorio, filas de personas que necesitan ayudas para poder comer, las filas de parados ante las oficinas de empleo, y tantas otras. Muchas de estas filas son filas «de la vergüenza», porque sólo se ponen en ellas los más necesitados, los que no tienen otros recursos para conseguir rápidamente lo que necesitan. Y el evangelista nos sitúa a Jesús en una de estas filas, mezclado con la gente, con los pecadores, recibiendo el mismo bautismo que ellos.

Jesús no necesitaba convertirse, ni prepararse para la llegada del Mesías que anunciaba Juan, claro está. Pero ya vemos un rasgo esencial de la personalidad y la misión de Jesús: estar cerca, mezclarse e implicarse en las necesidades, esperanzas, ansias y sufrimientos de su pueblo. Es todo lo contrario de Herodes y de tantos «jefes» que se les parecen: pretenden estar informados por lo que otros le cuenten (así se lo pidió a los Magos), pero sin moverse de su palacio. Sin «mojarse».

Bautizarse significa «mojarse», en su sentido real y simbólico: empaparse e implicarse. A distancia uno no se moja, no se entera, no se ve afectado: es necesario acercarse, estar en contacto, conocer de primera mano.

Bautizarse significa dejar que te llene la vida el Espíritu de Dios, de modo que empiecen a correr por tus venas los ríos de solidaridad en favor del débil. Como hizo Jesús de Nazareth. Es significativo que el Espíritu «aprovecha» la presencia de Jesús entre los pecadores, entre la gente del pueblo, para bajar sobre él.

Jesús ha pasado largo tiempo sin que tengamos noticias de él por los evangelistas, hasta este preciso momento. Pero no cabe duda que ha estado «creciendo en sabiduría», compartiendo la condición humana de las gentes, trabajando como uno más, en las difíciles circunstancias económicas y políticas de la Galilea de entonces. Y a la vez escuchando insistentemente en su interior una llamada del Reino, una voz de Dios, que le empujaba a ponerse al lado y al servicio del pueblo débil.

Para dar comienzo a su actividad misionera, ha elegido un escenario de «debilidad»: Se ha acercado al desierto, que no es un lugar frecuentado por la gente bien. Allí, en torno a Juan Bautista, se han ido reuniendo los que están «expectantes», aquellos que tienen una profunda necesidad de que las cosas cambien, siendo ellos los primeros dispuestos a cambiar, renovarse, purificarse, sanarse, convertirse… Allí van llegando los pobres, los enfermos, los esclavos, los pecadores, los inquietos…

Al mezclase Jesús con todos ellos, y unirse a la cola de los que se meten al agua está mostrando que su verdadera vocación es servir y entregarse a la persona herida, estar junto al pueblo necesitado de compañía, de atención, de estímulo, de consuelo, de liberación.

El Espíritu del Padre que desciende sobre él es la respuesta a su oración. No lo recibe para gritar, vocear, quebrar, apagar, eliminar, sino para promover el derecho, abrir ojos de ciegos, liberar cautivos de sus prisiones externas o internas… (primera lectura).

Es precisamente ahora cuando Dios le reconoce públicamente como su Siervo, como su «Hijo Amado». Por haberse bautizado con ellos, por haber decidido ofrecerles su vida, por haber aceptado «mojarse» compartiendo su situación esta dispuesto a llegar incluso hasta el sacrificio final de la cruz. Por eso mismo, también el Espíritu será quien le comunique la fortaleza necesaria para una tarea tan contra corriente, de manera que «no vacilará ni se quebrará».

Para nosotros ser bautizado significa unirse a su causa, a su misma misión. Significa empezar a llenar la historia de cada día de «vida», de ese Espíritu que hemos recibido: Pasó haciendo el bien. Pasar nosotros haciendo el bien. Con ayuda de ese Espíritu que lava lo que está manchado, riega lo que es árido, cura lo que está enfermo… Doblega lo que es rígido, caliente lo que es frío, dirige lo que está extraviado…

¡Hay tantos que viven sin tener vida! ¡Hay tanta debilidad que acompañar y fortalecer!

¡Hay tantos necesitados de consuelo, de esperanza!…

¡Hay tantas personas sobre nuestra tierra que están «expectantes» de que algo cambie!

Muchos recibimos el bautismo sin «conciencia» de lo que significaba. Pero algún día, con el paso del tiempo y en ambiente adecuado, el bautismo empezó a «hacer su efecto», y decidimos asumirlo libremente… aunque luego hayamos necesitado tiempo para ir comprendiendo lo que eso supone. El «Espíritu» nos va trabajando por dentro desde ese día… hasta que empecemos a experimentar personalmente lo mismo que Jesús: «tú eres mi hijo amado».

El bautizado se plantea no tanto «¿qué puedo yo hacer»? sino más bien: «¿qué estoy dispuesto a hacer?». El bautizado elige un día conscientemente tener como criterio vital la lucha por la vida digna, hacer que todo sea más humano, ayudar a que todo hombre descubra que es un «hijo amado de Dios» y viva con gozo y esperanza, olvidándose de sí mismo. Está muy atento a lo que necesitan los otros. Y según la vocación que cada uno va descubriendo, decidimos vivir entregando la vida a Dios a través de las personas más débiles de nuestra tierra.

Todo ese proceso es imposible sin la «oración». Una oración que consiste sobre todo en mirar hacia afuera de nosotros mismos, con los ojos misericordiosos de Dios, y dejarnos interpelar y ser creativos y valientes. No es aceptable esa oración centrada siempre en nuestro yo, los míos, y para mí. Una oración que gire en torno al propio ombligo, limitada a nuestro pequeño mundo. La oración del discípulo, del hijo, tiene que estar llena de rostros, de situaciones y de discernimiento, porque siempre hay algún bien que podemos hacer, siempre podemos amar más y mejor, siempre podemos descubrir nuevas formas de ser «instrumentos del Reino». Así era la oración de Jesús. Esto es lo que significa estar bautizado con Espíritu Santo y fuego, como profetiza el Bautista. Ser personas luminosas, apasionadas, ardientes en el amor, vitales, comprometidas, arriesgadas…

Por eso, ¡qué agradecido estoy al día en que me bautizaron mis padres! Aunque entonces no contaran conmigo. Pero a nadie hace mal un regalo así, aunque tardemos años en desenvolverlo. Cuando por fin yo descubrí la grandeza de este regalo… decidí regalarme yo mismo a los demás.

Como muchos. ¿Como tú?

El día después

Un año más la Cofradía ha colaborado con SS. MM. Los Reyes Magos de Oriente para llevar un poco de ilusión a los más necesitados. Gracias a la enorme colaboración de la empresa El Corte Inglés, hemos podido compartir la magia de la noche de Reyes con los niños de las Parroquias de San Ignacio de Loyola y Nuestra Señora de Belén.

Así mismo, este año la Cofradía ha vuelto a estar presente en la Residencia de Jesús Nazareno durante el día de Reyes, aunque no en la forma en que nos hubiese gustado estar, debido al cierre de la misma por la situación sanitaria actual de la pandemia, pero no podíamos faltar a la cita entregando un pequeño regalo a cada uno de los residentes y Hermanas Hospitalarias de Bañuelo, Betania y Casa Madre.

Desde la Vocalía de Caridad y Junta de Gobierno de la Cofradía queremos expresar nuestra gratitud a todos los que han hecho posible que hayamos podido compartir un poco de ilusión en estas fechas.

Un agradecimiento muy especial a la empresa El Corte Inglés por su generosa aportación en juguetes, que nos ha permitido llegar a más de 70 familias.

Proclama la Grandeza del Nombre de Jesús


Tal y como recogen nuestros Estatutos Cofrades, reunidos en comunidad junto a nuestra Congregación Hospitalaria de Hermanas Franciscanas de Jesús Nazareno, vivimos intensamente la festividad centenaria del Dulce Nombre de Jesús. Representa para nosotros un momento de acción de gracias celebrar esta festividad que viene siendo, desde siglos atrás, verdadero referente en nuestro devenir cofrade y cristiano: Proclamar el Divino Nombre de Jesús.

Es en el nombre de Jesús que los enfermos son curados, es en su nombre que los muertos resucitan, los cojos andan, los sordos oyen, los leprosos quedan curados… Ese nombre bendito tiene poder. En su nombre los pecados son perdonados, los espíritus lo temen, los milagros se realizan: “Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien” (Mc 16, 17-18).
Se decía que el Nombre de Jesús estaba en la boca de San Francisco «como la miel en el panal» y San Francisco mismo escribió, «ningún hombre es digno de decir Tu Nombre».
Por lo tanto, el nombre santo de Jesús tiene poder y debe ser invocado con respeto, veneración y fe.

¡¡Feliz Festividad del Dulce Nombre de Jesús, Iesus Hominum Salvator, Jesús salvador de los hombres!!

Debido a la situación sanitaria la celebración tendrá lugar a las 19:30 h en parroquia de San Andrés, presidida por nuestro párroco el Rvdo. P. D. Pablo Calvo del Pozo.

Evangelio 2° Domingo de Navidad

Lectura del santo evangelio según san Juan (1, 1-18)

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.
Él estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Palabra del Señor

LUZ, PALABRA Y CARNE

Esta larga, tozuda y desconcertante pandemia nos ha hecho a todos estar mucho más pendientes de las noticias: el coronavirus, las residencias de mayores, las subidas de la luz, el gas, los alimentos, la inflación, las ayudas económicas…

También de todo tipo de chismes relativos a amoríos, líos familiares, rupturas, embarazos de famosas… quizá con la pretensión de distraernos de tantas otras cosas preocupantes. El uso de las redes también ha crecido exponencialmente, como las aplicaciones para estar conectados con quien sea y a todas horas. Se han multiplicado las llamadas «fake news», que en castellano conviene traducir por noticias falsas, bulos, mentiras o -como yo prefiero decir- «paparruchas». Los entendidos han elegido como palabra del año «vacuna»…

El caso es que nos hemos «saturado» de palabras, palabrerías y malas noticias, y un cierto número de personas han optado por «negar» la realidad, por muchos datos verificables que se les pudieran aportar. Sin embargo, también hemos podido encontrar algunas «buenas noticias», que nos vienen bien para este recién comenzado año, para animarnos con la «gente buena» y creativa. A mí me ha hecho bien leer:

* Rodrigo, un niño madrileño de cuatro años que se disfraza de elfo y vende caramelos para pagar la terapia de su amigo de 7 años que padece una enfermedad neurodegenerativa.

* Isaac Bousnane, de 35 años y origen marroquí, dedica sus días libres a cortar el pelo a personas sin hogar para ayudarlas a salir de la calle.

* Una farmacéutica de Madrid dona antígenos a personas sin papeles: «“Es mi deber como sanitaria».

* A una señora de 84 años en Málaga se le olvidó el «pin» necesario para efectuar un pago de 60 euros con su tarjeta, y trataba inútilmente de localizar con su móvil a alguien que la ayudara. Un desconocido joven se lo dejó pagado, sin decir nada, y se marchó.

* Un conocido chef de Málaga ha iniciado la ‘operación abuelo’ en la que se prestará ayuda a los abuelos que estén faltos de recursos económicos, o que se encuentren solos.

Y tantas otras que cada cual puede conocer de su propio entorno…

Me venían a la mente al leer el Evangelio de hoy: Juan venía para dar testimonio de la luz, no era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. De eso se trata. La luz podrá ser muy pequeña (como las que he recogido antes), pero cuando hay mucha oscuridad… se ve más y mejor. Por tanto, SEAMOS LUZ a lo largo de este nuevo año.

El Papa Francisco, en su bendición del día de Navidad, comentaba:

El Verbo se hizo carne para dialogar con nosotros. Dios no quiere tener un monólogo, sino un diálogo. Dios nos mostró el camino del encuentro y del diálogo al venir al mundo en la Persona del Verbo encarnado. Es más, Él mismo encarnó en sí mismo este camino, para que nosotros pudiéramos conocerlo y recorrerlo con confianza y esperanza. Hermanos, ¿qué sería el mundo sin ese diálogo paciente de tantas personas generosas que han mantenido unidas a familias y a comunidades? En este tiempo de pandemia se pone a prueba nuestra capacidad de relaciones sociales, se refuerza la tendencia a cerrarse, a valerse por uno mismo, a renunciar a salir, a encontrarse, a colaborar.

Me parece un reto estupendo y oportuno para los que somos discípulos de Jesús, precisamente en estos tiempos en que bastantes de nuestros políticos se enfrentan, se atacan, se desprecian, insultan… haciendo «gala» a menudo de muy malas formas y educación. Y como nosotros mismos, que nos enrocamos en nuestras posturas, criterios y valoraciones… favoreciendo un clima de desencuentro, de agresividad, de exclusión… Pues que a lo largo de este nuevo año seamos PERSONAS DE PALABRA (el Unigénito de Dios vino lleno de gracia y de verdad) y de DIÁLOGO, de encuentro, de colaboración. Especialmente con los «distintos». Y también con el Dios-Palabra (oración), para que nos enseñe a acercarnos a los otros -como él mismo hizo- aunque nos rechacen, pero que no nos arrastren ni nos contagien: «y el mundo no la conoció»,

Y un tercer apunte: «Se hizo carne y habitó entre nosotros». La palabra «carne», para los griegos, significaba lo que es débil, mortal, pasajero, capaz de sufrir. A nosotros nos gusta creer que somos dioses y que lo podemos todo: con dinero, con poder, con la ciencia… A nuestros sueños de omnipotencia, que no quieren reconocer y aceptar la propia fragilidad se oponen los de un Dios «Omnipotente» que ha elegido compartir nuestra carne, nuestro sufrimiento, nuestras limitaciones, incluida la muerte. El encuentro verdadero con el hombre sólo era posible si Dios se hacía en todo como nosotros (menos en el pecado). EN TODO. Y nuestro encuentro con Dios y con el resto de los hombres ha de ser igual: desde nuestra verdad débil y vulnerable. Una invitación a la HUMILDAD, que no nos quita dignidad, puesto que seguimos siendo «hijos de Dios», nos ha dado el poder de ser hijos de Dios, y hemos recibido gracias tras gracia. Aceptarnos como somos y como estamos, sin «negacionismos» ni autoengaños. La debilidad nos facilita el encuentro con otros, tan necesitados y débiles como nosotros. Así entendemos mejor aquello de san Pablo: «Cuando soy débil, ¡entonces soy fuerte!» (2Cor 12, 10). En cambio la autosuficiencia, el creer que solos podemos con todo… nos encierra en la soledad, el aislamiento, la falta de amor.

Así pues: Seamos personas de LUZ, seamos personas DE PALABRA (verdad, coherencia), personas de DIÁLOGO y personas HUMILDES, de CARNE, Podemos serlo porque somos hijos de Dios, como el Unigénito de Dios, del que seguiremos recibiendo gracia tras gracia.

Festividad de Santa María Madre de Dios

El primer día del año los cristianos celebramos la fiesta de Santa María, Madre de Dios:

«A los ocho días de nacer, circuncidaron al niño y le llamaron Jesús-salvador».

Y en este día también la Iglesia celebra la jornada mundial por la Paz bajo el lema:

”Diálogo entre generaciones, educación y trabajo: instrumentos para construir una paz duradera”.

Este Dios nuestro trae con su nacimiento el don de la paz.

Quizás este primer día del año nuevo pasará por alto estos dos acontecimientos porque todos deseamos ardientemente que este primer día del año nuevo sea el primero de muchos que traigan la tan deseada salud ante una pandemia que nos tendrá sumido en la mayor crisis sanitaria, económica y social durante años.

Pero bien pensado, hasta que llegue la victoria ante el virus qué mejor don que saber vivir en paz en estos tiempos de incertidumbre, de poder caminar en el nuevo año anhelando un mundo más fraterno, más solidario, que ponga en el centro de sus intereses lo esencial: la vida y la salud de cada uno de los habitantes de este mundo.

Que Dios, en este año, mueva los corazones de todos los hombres, nos cure de la ceguera y nos dé el don precioso de amarnos como hermanos, verdadero fruto de La Paz.

¡Feliz año 2022!

Festividad del Dulce Nombre de Jesús

El próximo día 3 de enero de 2022 tendrá lugar a las 19:30 h en la Parroquia de San Andrés la Santa Misa con la que celebraremos los hermanos y devotos de Jesús Nazareno la Festividad del Dulce Nombre de Jesús, celebración centenaria de la Cofradía y establecida en el calendario cultual en nuestros Estatutos Cofrades.

La Cofradía ha tenido que tomar esta decisión debido a la situación sanitaria actual y a las restricciones que las Autoridades Sanitarias han impuesto a las Residencias de la Tercera Edad, que no permiten el acceso a la Iglesia Hospital de Jesús Nazareno al estar anexa a la Comunidad de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno y a la Residencia.

Tenemos una nueva ocasión de compartir junto a la Comunidad Parroquial de San Andrés una de las celebraciones más importantes para la Cofradía.

Evangelio de la Festividad de la Sagrada Familia

Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,41-52)

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua.
Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.
Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».
Él les contestó:
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.
Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Palabra del Señor

CUIDAR LA FAMILIA

La Sagrada Familia, ya sabemos, está formada por María, José y el Niño. ¿Por qué la llamamos «sagrada»? La verdad es que ni José ni María eran personajes excepcionales, si no hubiera sido porque se dejaron en las manos de Dios, se pusieron a su servicio, y aceptaron vivir consagrados a la misión que Dios les encomendaba. Su misión fundamental sería crear al clima necesario para que aquel Niño tan especial creciera sano, fuera feliz y aprendiera todas esas cosas importantes que los padres transmiten a sus hijos, abriéndoles el camino de la vida y de la fe. Ni las guarderías o escuelas, ni los grupos de amigos, ni las parroquias, ni los medios de comunicación social, logran penetrar tan a fondo en la intimidad infantil como los familiares, esas personas de quienes se depende absolutamente durante los seis o nueve primeros años de vida. Esta familia de Nazareth no sería muy diferente de cualquier otra familia que fuera consciente de su vocación divina, de cualquier matrimonio que se haya tomado en serio aquellas palabras que un día se dijeron ante el altar de Dios:

– Yo me entrego a ti y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad todos los días de mi vida.

– Estamos dispuestos a recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos, a educarlos cristianamente y a hacer de nuestro hogar el lugar donde puedan crecer y aprendan a darse a los demás.

Apunto, sin entrar en detalles, algunos de los problemas y dificultades más frecuentes:

En muchas familias, la gran dificultad es la falta suficiente de comunicación y de encuentro profundo (a pesar de que puedan pasarse horas juntos). Cuesta hablar, y cuesta encontrarse, más allá del «tenemos que ir a», «hay que comprar…», «hay que llevar al niño a…» y otras parecidas. El «me siento», «lo siento», «me preocupa», «te agradezco», «necesito»… cuestan bastante más.

No pocas veces el amor primero que se selló sacramentalmente… no se ha cuidado debidamente. Se dan cosas por supuestas. El otro tiene que «adivinar» lo que me pasa. Se prefiere reservarse ciertos asuntos para evitar conflictos o preocupar al otro. Se van descuidando los pequeños detalles. No se revisa cómo va la relación. No se buscan medios para madurar y crecer juntos… Puede que se aprenda a convivir con el otro y con los otros… pero sin que podamos decir que mi familia es un don, es un regalo, es una tarea…

La vida espiritual matrimonial es muy variada. Hay quienes rezan algo juntos, o van a misa juntos. Menos forman parte de alguna comunidad de fe o de matrimonios. Pero a la hora de la verdad, pocas veces la vida espiritual personal y familiar… afecta gran cosa al cada día. Falta compartir la Palabra, la acción de gracias concreta, el pedirse perdón, orar juntos por alguna preocupación…

Nadie transmite lo que no vive, o vive rutinariamente. La crisis social, cultural, religiosa y eclesial hace que en la práctica la fe vaya quedando arrinconada, o reducida a momentos puntuales. Bastantes parejas no han sabido o querido madurar, formarse, cultivar una fe que tenga algo que aportar a su vida cotidiana. Y hay tantas opciones, tantos criterios, tantas sensibilidades distintas… ¿qué podemos entonces compartir juntos y transmitir a los hijos?

Con respecto a la educación de los hijos en «valores» y en la dimensión trascendente de la persona… hay también mucha variedad. Hay padres casi del todo despreocupados de este asunto. Los hay desorientados por la diferencia de criterios dentro de la pareja, y por la distancia que perciben entre lo que ellos aprendieron… y lo que viven hoy sus hijos, no sabiendo cómo actuar. Parece que los hijos se «forman» (sí, entre comillas) más en los medios de comunicación, internet, las redes, los grupos de amigos, los estudios… La «cultura» va muy deprisa y no pocas veces se sienten desbordados o perplejos. Hay padres que «delegan» en los centros de formación, en las catequesis, en las clases de religión… Y los hay también, cómo no, responsables, implicados, comprometidos, acompañando a sus hijos en el crecimiento de todos los aspectos del ser humano.

Aunque han quedado ya apuntadas algunas pistas, subrayo y propongo SEIS que ayuden a mejorar y animar esta gran tarea de construir y ser una familia santa:

Es necesario que los padres se quieran, y se apoyen, y que los hijos sepan y vean que se quieren y maduran juntos, de las mil maneras que puede expresarse y mimarse el amor.

Es importante el afecto de los padres hacia los hijos (y viceversa). Los hijos necesitan menos que les den cosas (dinero, estudios, viajes, objetos…), y más que los padres estén cerca oportunamente. Supone atención personal a cada uno, cercanía, respeto, darles responsabilidades (sin darles tantas cosas hechas), exigencia apropiada, etc. Y los padres también necesitan sentir el aprecio de los hijos.

Es esencial la comunicación de la pareja entre sí y con los hijos. Una comunicación que no huela a fiscalización ni se convierta en reproche continuo, y no sólo en torno a cosas que «hay que hacer»… sino una comunicación que busque comprender, compartir experiencias, sentimientos, vivencias, inquietudes, proyectos, preocupaciones. Y aprovechar mucho mejor el escaso tiempo que se puede estar juntos, reservando incluso algunos momentos para estos encuentros.

No hay que olvidar la coherencia entre lo que se dice o pide a los hijos y el propio comportamiento. El perdón y reconocer los errores tiene un papel muy importante.

Es importante también el cultivo de una fe más compartida por la pareja y por toda la familia (teniendo en cuenta las diferentes edades): aprender a orar juntos, leer juntos la Palabra de Dios, comprar algunos libros religiosos (los hay muy buenos) para facilitar la meditación y la maduración en la fe… dialogar sobre la formación religiosa que se va recibiendo en la Parroquia y el Colegio, etc. Ofrecer humildemente el propio testimonio personal a los hijos…

Por último: la familia va más allá del matrimonio (cuando lo hay) y los hijos. Hay otros miembros y, ya que parece que la soledad se ha convertido en un rasgo relevante en estos tiempos, pues no podemos olvidarnos de los que están solos, enfermos, mayores, con dificultades del tipo que sea…

¡Ah! Nunca es demasiado tarde para «relanzar» ilusiones, proyectos. Siempre es tiempo de renovar y de reconstruir y de resucitar. ¡Adelante!

¡Ha Nacido!, Encuéntralo

Hace falta tener bien entrenado el oído y el corazón en silencio para poder percibir la grandeza de esta noche.

El paso de Dios por nuestra vida, Él lo sabe, no es facil reconocerlo pues nuestras pobres luces no dan para tanto. Por eso le gusta dejar, de cuando en cuando, que asome alguna señal de su presencia, que algún indicio nos diga que es su voz, y no otra la que habla en esta noche santa.

La señal que va dejando Dios, son más bien pistas que es necesario descubrir y que hay que saber interpretar. Es así, de puntilla, como Dios se ha ido acercando a nuestra historia hasta hacerse compañero de camino.

Una de las señales más antigua es la “virgen madre”, es la promesa de los profetas que queda como señal desdibujada. Que el pueblo de Israel la oía sin saber a ciencia cierta lo que Dios quería decir con esta palabra. Hasta que llegó María. En ella, de pronto, aquella señal tomo cuerpo, se perfiló. María era la esperada señal de que Dios que está con nosotros.

Un niño en un pesebre envuelto en pañales fue la otra señal para los pastores de Belén. Ningún vecino del pueblo había descubierto la señal de ese matrimonio que llamaban a la puerta o esa mujer apunto de dar luz, solo fueron los pastores lo que salieron saltando de gozo y glorificando al Señor en la cueva de Belén. Fue así como la alegría entró por la puerta menos previsible en la historia de los hombres.

Hubo también otra señal para los magos: la estrella. Mientras los entendidos de Israel no supieron entender la sagradas escrituras,unos lejanos gentiles consiguieron descubrir lo que decía el libro abierto del firmamento: una estrella los puso en camino hacia la plena luz del recién nacido rey de los judíos.
Pero hay otra señal que somos tú y yo. si una señal que tiene que alumbrar sin deslumbrar que debe chocar sin golpear, que debe mover sin arrastrar: La vida de los cristianos.
Cada vez que alguien, tocado por la luz de Belén, decide dar otro rumbo a su vida, y se echa amar a velas desplegadas, en aquella casa, en aquel barrio, se ha encendido una luz. Una luz que interpela, una luz que invita a descubrir ese camino, a entrar en esa aventura.

Nosotros, cada uno, esta noche y siempre si nos podemos amar con obras al hermano, si en tu corazón hay un poco más de amor, si sabes perdonar al que te ofende, si buscas a Dios de verdad, si trabajas por la justicia entre los hombres, si le das una mano al caído… estamos siendo para el mundo una señal, la señal del Enmanuel: de que Dios-está-con nosotros.¡Es Navidad!

Que la alegría que trae este Niño-Dios empape tu corazón y lo noten todos los que te rodean.

¡Feliz Navidad!
¡Feliz Encuentro!

Feliz Navidad

El Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, María Santísima Nazarena, San Bartolomé y Beato Padre Cristóbal de Santa Catalina queremos desearos una Feliz Navidad.

«Que el niño Jesús que nacerá esta noche inunde vuestros hogares de mucho amor y misericordia

La imagen que ilustra esta felicitación ha sido confeccionada con los Christmas premiados en el Concurso que ha organizado el Colegio de Jesús Nazareno y la Cofradía entre los alumnos de las distintas etapas educativas.